Desde la tienda de arriba, el sonido vivo de una máquina de coser.
Tacatacatacataca, a compás.
La mañana de invierno se prepara siguiendo ese ritmo.
En el café, el agua cae glu-glu-glu dentro de la olla de acero y, al ponerla sobre la estufa al rojo vivo, las gotas de fuera se van con un chsss.
Justo cuando el agua rompe a hervir, el clic de una llave que gira.
Abre la panadería de al lado.
El cras-cras de los pasteles al cortarse, y un olor suave y bueno.
En la costurera, ris-ras ris-ras, el sonido de las tijeras atravesando la tela.
Y llevándole el compás, chas-chas-chas, el sonido del papel.
La tienda Happy Birthday, junto a la costurera. Están envolviendo regalos con papel bonito y cintas.
Costureraris-ras
Happy Birthdaychas-chas
Panaderíacras-cras
Caféchsss
Tacataca, chsss-chsss, chas-chas,
cras-cras-cras, ¡ris!
Los sonidos de todas, como una música, sobresaltan la mañana de invierno.
«Ya está.»
Cuando lo dice la lino del café, los sonidos se detienen de golpe y solo queda el susurro de la nieve al caer.
Toc, toc, toc, toc, se juntan los pasos que bajan la escalera.
Sobre la mesa blanca, tres raciones de tarta de chocolate.
El rato especial de antes de abrir.
Ah, sí: quedaban aquellas galletas guardadas.
Cuando los pasos de todas se acercan, se nota que hoy también va a empezar un buen día.
Fin