La lino costurera usa siempre la máquina de coser a su aire.
Las lino son todas tranquilas, así que no existe eso de los encargos urgentes.
Como hay tiempo de sobra, cada trabajo se hace con cuidado.
Cuando cose ropa de verano, empieza por ponerse en ambiente de verano. Deja junto a la máquina la arena que trajo una vez de la playa, tararea una canción de verano y cose el verano dentro de la ropa. Ah, sí: le pedirá un zumo tropical al café de abajo.
Cuando cose ropa de niña, abre el diario de cuando era pequeña, coloca sus muñecos de peluche y sus bloques de madera, y se prepara leche caliente con galletas.
Cuando cose un uniforme escolar, se pone las gafas, endereza la espalda y saca un lápiz nuevo y un cuaderno nuevo. También le gustaría un carné de estudiante hecho a mano. ¿Y qué pondrá en la cesta del almuerzo?
Tacatacataca, taca-taca. Hoy también la máquina corre alegre.
Una noche de otoño, mientras cosía tan contenta, se durmió y, al poco rato, tuvo un sueño extraño. Alguien venía a pedirle un traje de conejo. Pero la figura estaba borrosa y no conseguía distinguirla.
Se despertó de golpe. ¿Un traje de conejo? ¿Qué es eso? ¿Quién era? Lo estuvo pensando medio dormida y, al cabo, le entró un cosquilleo, un cosquilleo tal que ya no pudo evitar querer coser un traje de conejo.
Normalmente habría extendido cuero por el suelo y se habría puesto a dar saltos con una zanahoria en la mano, pero era plena noche. La persona del piso de abajo podía estar durmiendo, así que no podía armar ruido.
Se puso al menos un vestido con estampado de conejos, se colocó un puñado de algodón detrás y se sentó a la máquina. Tacatacataca… y la máquina se paró enseguida.
Faltaba algo.
¿Qué será, qué será? Lo pensó mientras dibujaba conejos en un papel. Habría pedido un zumo de zanahoria, pero ya era de noche cerrada.
Entonces levantó la vista al cielo y una luna perfectamente redonda la estaba mirando. La luna alumbraba con suavidad y en silencio la casa de las lino. La costurera probó a apagar la lámpara y la luz de la luna cayó justo sobre la máquina de coser.
Empezó a mover el pedal con ligereza y la luz que rebotaba en la máquina se esparció en destellos, y unas estrellas pequeñas parpadearon siguiendo el compás. La lino sintió que estaba justo en medio de las estrellas.
Fin