Cuando llega el verano, las lino van a una escuela un poco rara.
Se llama la Escuela del Tiempo. Solo por las mañanas de verano se reúnen alrededor de un tocón, en el prado, y aprenden a cambiar el tiempo.
El maestro es un anciano bondadoso que normalmente cultiva sus campos. Cuando llega el otoño, la escuela cierra por la cosecha.
En mitad de un prado no parece una escuela en absoluto. Aun así, las lino se ponen el uniforme que se han hecho ellas mismas y se juntan junto al tocón.
El primer curso es el curso de la lluvia. Curso no quiere decir doce meses: «cuando consigas hacer llover, has pasado al curso siguiente», dice el maestro. Después viene el curso de las nubes, donde cuesta acertar con la medida. Y luego el curso de la nieve, y por último el del sol.
«¡Lluvia, cae!» Una lino practica con un manojo de heno en la mano.
Pero en el cielo no se forma ni una nube.
El maestro lo mira, sonriendo.
Por más veces que lo intente, el cielo sigue completamente despejado.
«¡Maestro, no me sale!», dice la lino. «Vaya. Prueba a hacerlo un poco más despacio», dice el maestro rascándose la cabeza.
«Lluvia… ca… ¡e!»
Lo mismo que antes.
La alumna empieza a enfurruñarse. El maestro sigue sonriendo.
Hacia el mediodía las lino se ponen inquietas. Todas quieren volver a casa a comer.
Quizá porque lo veía venir, el maestro dice un poco antes de hora: «Bueno, al maestro le está entrando hambre. ¿Lo dejamos por hoy?»
«¡Síii!», responden las lino, y salen todas a la vez corriendo por el prado hacia casa. Una casi rodando, otra dando un rodeo mientras agita su heno, otra saludando con todo el brazo, otra caminando y cantando. Cada una vuelve a su manera.
El maestro se sienta en el tocón y las despide con la mirada, sonriendo.
Un poco después, solo alrededor de la escuela, cae una lluvia fina con sol. Las gotas brillan al reflejar la luz y estallan sobre la hierba de verano.
El maestro sigue con los ojos las espaldas de las lino y, para sus adentros, les dice: «Ha llovido.» Cuando levanta la vista ya no hay nubes, y se abre un cielo azul altísimo.
Mucho más allá del azul se notaba, apenas, el otoño.
Fin